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La ciudadela “Chan Chan” una arquitectura que ha resistido al tiempo

Si bien la plaza incaica de Machu Picchu (Montaña Vieja en lengua quechua), en los andes sur orientales, es el ícono turístico del Perú, la ciudadela “Chan Chan” (Sol-Sol o Resplandeciente Luz), en la costa noroccidental, remonta a las primeras centurias de la era actual.

Considerada por sus edificaciones de barro como la mayor urbe de América y la segunda del mundo, “Chan Chan”, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1986.

Ubicada a escasa distancia del mar Pacífico y cerca de la ciudad de Trujillo, capital del departamento de La Libertad, a 550 kilómetros al noroeste de Lima, Chan Chan es la puerta de entrada a la cultura chimú o chimo que floreció entre los siglos IX y XV.

La urbe, que siguió a la desaparición de su precedente, la cultura moche (siglos I-VIII), muestra la forma de vinculación en la dualidad mundo-cielo para desarrollar irrigaciones en la desértica costa, explotar el mar Pacífico y crear una arquitectura que ha resistido al tiempo.

El origen de este cultura aún sin aclarar, pues dentro de su casco urbano y en los extramuros se han hallado “huacas” o lugares sagrados, donde incluso, en la denominada Huaca El Brujo, se han encontrado evidencias de míticos dragones (de la imaginenería asiática), que hacen aventurar la idea que arribaron de Oceanía o del Lejano Oriente

En Chan Chan se han ubicado nueve pirámides o palacios en un superficie de 20 hectáreas, ocho de ellos en pleno proceso de restablecerle los muros originales (un promedio de 12 metros de altura) para evitar el deterioro por el tiempo y las condiciones climatológicas, a la par de impedir que vuelvan a quedar enterradas bajo mantos de arena.

La llamada Nik-An (Casa del Centro), edificada entre los años 1275-1370, viene siendo reconstruida conforme la arquitectura y materiales (adobe de barro, arcilla, caña) de su época, y es la que está abierta al visitante y permite conocer, por extensión, que cada pirámide es de forma rectangular y orientadas de norte a sur.

La edificación integraba la residencia del monarca, el santuario religioso, la administración del valle y la tumba donde era enterrado el Gran Señor, además de ambientes para reuniones o audiencias con caciques (jefes) de valles vecinos.

También incorporaba dormitorios, cocina, depósitos para guardar tributos y alimentos, y pozos o estanques para almacenar agua potable, esto último indispensable por la salinidad.

A tenor de los arqueólogos, la arquitectura expresaba las diferencias sociales: Monumental para la clase dominante, el monarca y probablemente al chamán (sumo sacerdote); Intermedia, para los administradores, militares y sacerdotes menores; y, Popular, en las afueras de la pirámide, para el común del pueblo que se dedicaba a la pesca, cultivo de los campos, orfebrería y otras actividades menores.

Las paredes interiores están decoradas, en altorrelieve, con figuras marinas (en posición norte-sur y sur-norte, acaso representando las corrientes marítimas del Pacífico, calientes y frías, respectivamente.

De igual forma incorporaban pelícanos (descansando, volando, alimentándose), peces y nutrias de mar (extinguidas), y geométricas (rombos, forma estilizada de las redes de algodón con boyas de calabaza que utilizaban para pescar), revestidas de tintes rojo, amarillo y blanco.

Estos colores, provenientes del jugo de cactus (tuna) y con muros levantados de canto rodado son base de paredes y techos de caña y barro, soportados por horcones de troncos de algarrobo (Prosopis pallida), árbol que crece en las zonas áridas de la costa norte peruana, que, además, y cuyos frutos sirven para alimentar al ganado.

Las imágenes en altorrelieve dan a entender que los chimú aprovecharon la riqueza marina para lo cual montados en caballitos de totora (atados de caña) se alejaban de las orillas y con amplias redes (de algodón y boyas de calabaza) o anzuelos se dedicaban a la pesca; los caballitos de totora aun tienen vigencia y no es extraño encontrar hoy en día pescadores que hacen uso de ellos en la playa Huanchaco.

Los canales de regadío, todavía en pie, muestran que hacían uso de la tierra para hacerla producir, aprovechando las aguas de las cumbres de la Cordillera Blanca, a fin de abastecerse de alimentos y de algodón para su textilería

El conjunto de profesionales que estudian Chan Chan, desde que se realizaron las primeras excavaciones en 1964 y continuaron en 1970, concuerdan que la cultura Chan Chan tuvo al menos diez monarcas, el primero llamado Tacaymano y el último Minchcaman, de acuerdo a la cifra de pirámides o palacios existentes.

El poder político, militar y religioso era heredado, empero lo que no se endosaba al sucesor eran los bienes económicos, pues tenían la creencia que el fallecido iba a retornar de la otra vida y serían administrados por sus allegados sin abandonar la residencia; el hijo o sucesor estaba obligado a levantarse su propia residencia o palacio.

Al transitar por los pasadizos del Nik-An, el visitante se encuentra con una gran plaza con banquetas, en cuya parte superior se instalaban el Gran Señor y el Chamán, otros que participaban en los ceremoniales accedían por otras tres puertas menores.

Metros más allá la Sala del Altarcillo, una suerte de antesala destinada a las audiencias, al culto y a la recepción de ofrendas y tributos, que contaba con horacinas (nichos) donde se colocaban ídolos.

El Pozo Ceremonial, en un principio orientado de sur a norte y posteriormente la parte norte fue enterrada y se amplió al oeste, en dirección al mar, estaba dedicado al culto del agua y la fertilidad.

La Sala de Asamblea, de 24 horacinas para curacas de señoríos vecinos, cuenta con dos columnas en una suerte de parlantes acústicos, acaso usado como un altavoz (eco) debido a sus columnas estrilladas, y en las cuales se evidencia un arco iris.

El recinto funerario, probablemente el más sacro del palacio, lugar del descanso eterno del Gran Señor, rodeado de 44 tumbas secundarias; que eran ocupadas por los cuerpos inertes de sus concubinas, jefe militar, chamán y otros oficiantes que lo acompañaban en el viaje al más allá, incluyendo ceramios con alimentos y bebidas.

Los chimus en el siglo XV, al parecer en su etapa de decadencia, fueron sometidos por los incas, procedentes del sur andino departamento peruano de Cusco, que se hallaban en pleno proceso de consolidar su expansión.

El tiempo y el saqueo ilegal e indiscriminado a través de la historia han desaparecido quizás sus más importantes reliquias u objetos utilitarios; pero la monumental edificación, antisísmica, se revalora con el trabajo tesonero y sutil de profesionales en distintas disciplinas.

Estos grupos prosiguen sostenidamente las tareas de reconstrucción, restauración y conservación; quedando admirado el visitante de cómo los chimús realizaron tal arquitectura citadina, la técnica utilizada y los instrumentos utilizados.(Xinhua)

Por Carlos Acat Koch

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