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Del viejo gruñón al joven innovador dialogante

José Enebral es consultor de Recursos Humanos y un experto a la hora de analizar el papel que juegan los directivos dentro de un grupo, de una empresa. «Los líderes constituyen una guía para los demás, consecuencia de su iniciativa y capacidad de aunar o alinear voluntades». Enebral parte de esta conclusión para resaltar que «no hace falta añadir que un líder lo es porque tiene seguidores, así como un jefe lo es porque tiene subordinados». A esta obviedad no tantas veces tenida en cuenta, este analista de comportamientos le pone un nombre y un apellido: «Es la figura del jefe-líder, que es la que vienen intentando implantar las empresas, especialmente desde los primeros años 90».
Pero este nuevo siglo exige que los directivos dirijan empresarialmente tratando de obtener los objetivos planteados, por medio de un equipo de personas y con los medios materiales de que se dispone. Esto es lo que los expertos en Recursos Humanos llama en la empresa gestionar los recursos para alcanzar los fines.
¿Y qué se necesita para ser un buen líder, un directivo perfecto? En Gestiopolis aseguran que hay que llevar o sentir dentro el deseo de querer dirigir al grupo y ponen en relieve una serie de características inherentes al buen gerente.
En primer lugar, la inteligencia. Un profesional, dotado con lo que se suele llamar una buena cabeza tiene siempre más posibilidades de éxito que aquel que muestra grandes dosis de mediocridad. Y este atributo va muy unido a la siguiente característica, la capacidad de análisis y de síntesis. Se trata de esa condición mental de la persona humana de poder desarrollar una idea o un problema, por ejemplo, desmenuzándolo hasta sus últimas consecuencias, y al revés.
Y poco tiene que hacer un directivo poco comunicativo. Este nuevo siglo será el de las comunicaciones y el mejor ejemplo descansa en las redes sociales. Capacidad para comunicarse con todo el mundo en cualquier lugar y a cualquier hora. Es lo que se conoce como capacidad de comunicación. Se trata de llegar a los demás, de saber hablar y saber escuchar. Es la posibilidad de entender y hacerse entender. Se ha acabado el ordeno y mando.
Sin embargo, un directivo jamás puede perder lo que se conoce como dotes de mando. Él es el que está al frente de la nave y el primer responsable de todo lo que suceda. Los expertos aseguran que un buen equilibrio sería el que combina adecuadamente el ordeno y mando con la comprensión.
La capacidad de trabajo necesaria para soportar la dura lucha que, con frecuencia, ha de librar cada mañana y cada atardecer un directivo que con frecuencia se queda solo ante un problema y su necesidad de tomar decisiones.
Aunque quizás sea la capacidad de liderazgo la características más importante para ser un buen directivo. El líder es aquel que toma el timón y el resto le sigue. Pero ese espíritu de liderazgo se viene abajo, ante actitudes tales como el autoritarismo, la incomunicación, la inconstancia, la falta de un criterio objetivo, los bandazos de carácter o de trato…
Para evitar precisamente esta situación, el buen director debe tener dos ingredientes más: integridad moral y ética y muchas dosis de espíritu crítico porque no todo lo que hace el líder tiene que estar bien. Es humano y se equivoca.
http://www.larioja.com/v/20101024/economia/viejo-grunon-joven-innovador-20101024.html
















































































































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